Artículos Científicos
  • Register

Pensamiento del Mes

" El amor incondicional es el más poderoso estimulante que se conoce del sistema inmunológico"
Bernie S. Siegel de Amor, Medicina y Milagros 1998.

Naturaleza,Crianza y Desarrollo Humano

Bruce H. Lipton, Ph.D.


Profesor Adunto, Life Chiropractic College West, San Lorenzo, California. Los Angeles, EE.UU.
 
 

Resumen: Los resultados del proyecto genoma humano, y los avances en la biología celular de punta, proporcionan una oportunidad para reconsiderar la perenne pregunta concerniente a las relaciones naturaleza-educación (crianza) en el desenvolvimiento de nuestras vidas. La biología celular revela que la manifestación de un cuerpo humano está controlada primariamente por los genes, y por lo tanto está bajo la influencia de la naturaleza. Menos de un cinco por ciento de los humanos poseen defectos genéticos (de nacimiento) debilitantes. Por lo tanto, la naturaleza solo tendrá responsabilidad de un pequeño porcentaje de incapacidades en los humanos. Debido a que el restante 95% de la población nació con genes "aptos", las disfunciones en esta población serían atribuibles a la educación, la influencia del medio ambiente. Las experiencias ambientales, las cuales en principio, se registraron in utero, suministran las percepciones aprendidas. Estas percepciones, junto con los instintos genéticos comprenden la mente subconsciente y proporciona la voz "colectiva" que modela el destino del cuerpo. La mayoría de nuestras grabaciones conductuales se programaron en la mente subconsciente antes de que fuéramos capaces de expresar la propiedad de la conciencia. A pesar de que la mente consciente puede observar, criticar y reconsiderar el contenido de las "cintas" conductuales, ella no puede "forzar" un cambio en la mente subconsciente. Los protocolos de las nuevas corrientes psicológicas permiten una rápida re-escritura de los programas del subconsciente suministrando oportunidades de cambiar el carácter de nuestras vidas.

 

Una de las perennes controversias, que tiende a evocar rencores entre los científicos biomédicos está relacionada con el papel de la naturaleza versus la educación (crianza) en el desenvolvimiento de la vida (Lipton, 1998a). Quienes están polarizados del lado de la naturaleza, invocan el concepto de determinismo genético como el mecanismo responsable de controlar la expresión de los rasgos físicos y conductuales de un organismo. El determinismo genético, se refiere a un mecanismo de control interno parecido a un "programa de computación" genéticamente codificado. Se cree que en el momento de la concepción, la activación diferencial de genes maternos y paternos seleccionados, colectivamente "descargan" el rasgo fisiológico y conductual de un individuo, en otras palabras, su destino biológico. Por el contrario, quienes respaldan el "control" por la educación sostienen que el ambiente es un instrumento que "controla" la expresión biológica. Los que apoyan este postulado, afirman que las experiencias ambientales, tienen un papel esencial en el modelado del carácter en la vida de un individuo, más que atribuir la suerte biológica al control de los genes. La polaridad entre estas filosofías simplemente refleja el hecho de que aquellos que respaldan la naturaleza, creen en un mecanismo de control interno (genes); mientras que aquellos que respaldan los mecanismos de la educación lo atribuyen a un control externo (ambiente). 
La resolución de la controversia naturaleza y educación (crianza) es profundamente importante, con respecto a la definición del papel de la paternidad y maternidad en el desarrollo humano. Si quienes respaldan la naturaleza como la fuente de "control" están en lo correcto, los rasgos y atributos fundamentales de un niño están genéticamente predeterminados en el momento de la concepción. Los genes, que se presume se auto-actualizan, controlarán la estructura y organización. Debido a que el desarrollo estaría programado y ejecutado por los genes internalizados, el papel básico de los padres sería el de proveer nutrición y protección a su feto en crecimiento o niño. En este modelo, los rasgos de desarrollo que se desvían de la norma, implican que el individuo expresa genes defectuosos. La creencia de que la naturaleza "controla" la biología atenta contra la idea de victimización e irresponsabilidad en el desenvolvimiento de la vida de uno. "No me culpen por esa condición, yo lo tengo en mis genes". Como yo no puedo controlar mis genes, yo no soy responsable por las consecuencias". La ciencia médica moderna percibe a un individuo disfuncional como uno que posee un "mecanismo" defectuoso. Los "mecanismos" disfuncionales corrientemente se tratan con drogas, a pesar de que las compañías farmacéuticas están avizorando un futuro en el cual la ingeniería genética eliminará permanentemente todos los rasgos y comportamientos desviados o indeseables. Consecuentemente, estamos cediendo el control personal sobre nuestras vidas a las "píldoras mágicas" ofrecidas por las compañías farmacéuticas. La perspectiva alternativa, apoyada por un gran número de profanos, y de un contingente creciente de científicos, trata sobre el papel de los padres en el desarrollo humano. Quienes respaldan la educación (crianza) como mecanismo de "control" en la vida sostienen que los padres tienen un impacto fundamental sobre la expresión del desarrollo de su progenie. En un sistema controlado por la educación, la actividad de los genes estaría dinámicamente ligada al ambiente en un cambio continuo. Ciertos ambientes aumentan el potencial del niño, mientras que otros pueden inducir disfunción y enfermedad. En contraste con el mecanismo propuesto por los naturistas de la existencia de un destino fijo, los mecanismos de la educación ofrecen una oportunidad para moldear la expresión biológica de un individuo, mediante la regulación o el "control" de su ambiente.
Al revisar la controversia naturaleza-educación (crianza) a lo largo de lo años, es aparente que en unas épocas ha predominado el apoyo para los mecanismos de la naturaleza sobre el concepto de educación, mientras que en otras ha sido a la inversa. Desde la revelación del código genético por Watson y Crick en 1953, ha prevalecido el concepto de que los genes auto-regulados controlan nuestra fisiología y conducta, sobre la influencia percibida de señales ambientales. Apartando la responsabilidad personal en el desenvolvimiento de la vida de un individuo, nos queda la creencia de que casi todos los rasgos humanos negativos o defectuosos representan una falla mecánica de los mecanismos moleculares humanos.
A comienzos de la década de 1980, los biólogos estaban totalmente convencidos de que los genes "controlaban" la biología. Posteriormente se asumió que el mapa completo del genoma humano debía proporcionar a la ciencia toda la información necesaria, no solo para "curar" todas las enfermedades de la humanidad, sino también para crear un Mozart u otro Einstein. El Proyecto del Genoma Humano resultante se diseñó como un esfuerzo global dedicado a descifrar el código genético humano. 
La función primaria de los genes, es servir como heliografías bioquímicas que codifican la compleja estructura química de las proteínas, las "partes" moleculares con las cuales se construyen las células. La idea convencional, ha sostenido que un hay gen para codificar cada una de las 70.000 a 90.000 proteínas diferentes que integran nuestro cuerpo. Además de genes que codifican proteínas, la célula también contiene genes reguladores que controlan la expresión de otros genes. Los genes reguladores presumiblemente orquestan la actividad de un gran número de genes estructurales, cuyas acciones contribuyen colectivamente con los patrones físicos complejos que proveen a cada especie con una anatomía específica. Más aún, se presume que otros genes reguladores controlan la expresión de rasgos tales como el conocimiento, la emoción y la inteligencia. Antes de que el proyecto saliera, los científicos habían estimado que la complejidad humana necesitaría un genoma (la colección total de genes) por encima de 100.000 genes. Esto estaba basado en un estimado conservador de que había más de 30.000 genes reguladores y 70.000 genes que codificaban proteínas almacenadas en el genoma humano.
Cuando se reportaron los resultados del proyecto genoma humano el año pasado, la conclusión se presentó como "un chiste cósmico". Justo cuando la ciencia pensó que todo lo imaginado tenía vida, el universo lanzó una "bola curva" biológica. Con todo el alboroto surgido sobre la secuenciación del código genético humano, y habiendo sido atrapados en esa brillante hazaña tecnológica, no nos enfocamos en el verdadero "significado" de los resultados. Estos resultados echan por tierra una creencia fundamental aceptada por la ciencia convencional. El "chiste cósmico" del proyecto Genoma está relacionado con el hecho de que el genoma humano solo consiste en 34.000 genes [ver Science 2001, 291 (5507) y Nature 2001, 409 (6822)]. ¡Dos tercios de los genes que se anticipaba y se presumía eran necesarios, no existen!. ¿Como podemos considerar la complejidad de un humano genéticamente controlado, cuando ni siquiera hay genes suficientes para codificar solo las proteínas?. La "falla" del genoma en confirmar nuestras expectativas, revela que nuestra percepción sobre cómo trabaja la biología está basada en información o suposiciones incorrectas. Nuestra "creencia" en el concepto del determinismo genético en apariencia es fundamentalmente defectuosa. No se puede atribuir el carácter de nuestras vidas únicamente a la consecuencia de una "programación" genética heredada. Los resultados del genoma nos obligan a reconsiderar la pregunta: "¿De donde adquirimos nuestra complejidad biológica?. 
En un comentario sobre los sorprendentes resultados del estudio del Genoma Humano, David Baltimore (2001), uno de los genetistas más prominentes del mundo y ganador del premio Nóbel, señala este aspecto de la complejidad:
"A menos que el genoma humano contenga un lote de genes que sean opacos a nuestras computadoras, está claro que nosotros no ganamos nuestra indudable mayor complejidad sobre los gusanos y las plantas por el uso de más genes.
La comprensión de lo que nos proporciona nuestra complejidad- nuestro enorme repertorio conductual, la capacidad de producir acciones conscientes, la remarcable coordinación física, las alteraciones precisamente afinadas en respuesta a variaciones externas del ambiente, aprendizaje, memoria.....necesito seguir?- sigue siendo un reto para el futuro". (Baltimore 2001, el subrayado es mío).
Por supuesto, que la consecuencia más interesante de los resultados del proyecto es que ahora nosotros debemos encarar al "desafío" del futuro aludido por Baltimore. ¿Qué controla nuestra biología, sino son los genes?. En el calor de la locura del genoma, el énfasis sobre el proyecto, opacó el trabajo brillante de muchos biólogos, que revelaban un entendimiento de los mecanismos de "control" del organismo, radicalmente diferente. Emergiendo al filo de la ciencia celular está el reconocimiento de que el ambiente, y más específicamente nuestra percepción del ambiente, controla directamente nuestra conducta y la actividad génica (Thaler,1994) 
La biología convencional ha construido su conocimiento sobre lo que se ha referido como el "Dogma Central". Esta creencia inviolable clama que el flujo de información en los organismos biológicos, va desde el ADN al ARN y luego a las proteínas. Dado que el ADN (genes) en este caso es el nivel máximo de este flujo de información, la ciencia ha adoptado la idea de la Primacía del ADN, significando en este caso "primacía" la primera causa. El argumento para el determinismo genético está basado en la premisa de que el ADN está en "control". ¿Pero es así?.
Casi todos los genes de una célula están almacenados en su mayor organelo, el núcleo. La ciencia convencional sostiene, que el núcleo representa el "centro de comando de la célula", una idea basada en la suposición de que los genes "controlan" (determinan) la expresión de la célula (Vinson y col, 2000). Si el núcleo es el centro de comando de la célula, eso implica que el núcleo representa el equivalente del "cerebro" de la célula. Si se remueve el cerebro de cualquier organismo vivo, la consecuencia necesaria de esa acción es la muerte inmediata del organismo. Sin embargo, si se remueve el núcleo de una célula, la célula no necesariamente muere. Algunas células enucleadas pueden sobrevivir por dos o tres meses sin poseer ningún gen. Las células enucleadas se usan rutinariamente como "capas nutrientes" que sustentan el crecimiento de otros tipos de células especializadas. En la ausencia de un núcleo, las células mantienen su metabolismo, digieren la comida, excretan los desechos, respiran, se mueven en su ambiente reconociendo y respondiendo adecuadamente a otras células, predadores o toxinas. Finalmente estas células mueren, ya que sin su genoma las células enucleadas son incapaces de reemplazar proteínas defectuosas o deterioradas que se requieren para la vida. El hecho de que las células mantengan una vida exitosa e integrada en ausencia de genes, revela que los genes no son el "cerebro" de la célula. La razón principal por la cual los genes no pueden "controlar" la biología es que ellos no son auto-emergentes (Nijhout, 1990). Esto significa que los genes no pueden auto-actualizarse, ellos son químicamente incapaces de activarse o inactivarse. La expresión de los genes está bajo el control regulador de señales ambientales que actúan a través de mecanismos epigenéticos (Nijhout, 1990, Symer y Bender, 2001). Sin embargo, los genes son fundamentales para la expresión normal de la vida. Más que servir como mecanismos de control, los genes representan heliografías moleculares necesarias para manufacturar las proteínas complejas que proporcionan a la célula su estructura y funciones. Defectos en los programas genéticos (mutaciones), pueden alterar profundamente la calidad de vida de aquellos que los posean. Es importante destacar que las vidas de menos del 5% de la población reciben el impacto de genes defectuosos. Estos individuos expresan defectos de nacimiento transmitidos genéticamente sean estos manifestados al nacimiento o que aparezcan posteriormente durante la vida.
El significado de estos datos, es que más del 95% de la población viene a este mundo con un genoma intacto que codificará para una existencia sana y apta. Aún cuando la ciencia ha enfocado sus esfuerzos en determinar el papel de los genes estudiando el 5% de la población con genes defectuosos, no se ha progresado mucho sobre el por qué la mayoría de la población, que posee un genoma apto, adquiere disfunción y enfermedad. Nosotros no podemos simplemente inculpar a los genes (naturaleza) de esta realidad. 
La atención científica sobre lo que "controla" a la biología está desviándose del ADN hacia la membrana celular (Lipton, y col, 1991,1992, 1998b, 1999). En la economía de la célula, la membrana es el equivalente de nuestra "piel". La membrana provee una interfase entre el ambiente de continuo cambio (no-propio) y el ambiente encerrado y controlado del citoplasma (propio). La "piel" embriónica (ectoderma) origina dos sistemas de órganos en el cuerpo humano: el integumento y el sistema nervioso. En las células estas dos funciones están integradas dentro de la capa simple que envuelve al citoplasma. 
Las moléculas de proteínas de la membrana celular, sirven de interfase entre las demandas de los mecanismos fisiológicos internos y las exigencias ambientales (Lipton, 1999). Estas moléculas de membrana "control" están compuestas de parejas consistentes en: proteínas receptoras y proteínas efectoras. Las proteínas receptoras reconocen señales ambientales (información) de la misma manera que nuestros receptores (Ej. Ojos, oídos, nariz, gusto, tacto) leen nuestro ambiente. Las proteínas receptoras específicas son "activadas" químicamente tras recibir una señal ambiental reconocible (estímulo). La proteína receptora, en su estado activado se acopla con una proteína efectora específica a la cual activa. La proteína efectora "activada" selectivamente "controla" la biología de la célula coordinando una respuesta contra la señal ambiental iniciadora. Los complejos proteínas "receptoras-efectoras" sirven como interruptores que integran la función del organismo dentro de su medio ambiente. El componente receptor del interruptor dota de "conciencia del ambiente", y el componente efector genera una "sensación física" en respuesta a esa conciencia. Por definición estructural y funcional, el interruptor receptor-efector representa las unidades moleculares de la percepción, la cual se define como conciencia del ambiente a través de la "sensación física". Los complejos de proteínas de la percepción "controlan" la conducta de la célula, regulan la expresión de genes y se han implicado en la re-escritura del código genético (Lipton, 1999).
Cada célula es innatamente inteligente ya que ella generalmente posee las heliografías genéticas necesarias para crear todos los complejos de percepción necesarios para permitirle sobrevivir y prosperar en su nicho ambiental normal. El ADN que codifica estos complejos de proteínas de la percepción, ha sido adquirido y acumulado por las células, durante cuatro billones de años de evolución. Los genes que codifican la percepción, están almacenados en el núcleo de la célula y se duplican previo a la división celular, dotando a cada célula hija con un conjunto de complejos de percepción que mantienen la vida. Sin embargo, los ambientes no son estáticos. Los cambios en los ambientes generan una necesidad de "nuevas" percepciones por parte de los organismos que habitan esos ambientes. Hoy día es evidente que la célula crea nuevos complejos de percepciones a través de la interacción con estímulos ambientales novedosos. Utilizando un grupo de genes descubiertos recientemente, que colectivamente son referidos como "genes de ingeniería genética", las células son capaces de crear nuevas proteínas de percepción en un proceso que representa el aprendizaje y la memoria de la célula (Cairns, 1988, Thaler 1994, Appenzeller, 1999, Chicurel, 2001). Este mecanismo de escritura de genes, evolutivamente avanzado, le permite a nuestras células inmunes responder contra antígenos extraños mediante la producción de anticuerpos, que salvan vidas (Joyce, 1997, Wedemayer, y col, 1997). Los anticuerpos son proteínas específicamente modeladas que las células fabrican para complementarse físicamente con los antígenos invasores. Como proteínas, los anticuerpos requieren un gen (heliografía) para su ensamblaje. Interesantemente, los genes que codifican para los anticuerpos que se derivan de una respuesta inmunitaria, son diseñados específicamente, ya que no existían antes de que la célula se expusiera al antígeno. La respuesta inmune que necesita por lo menos tres días, desde la exposición inicial al antígeno hasta la aparición de anticuerpos específicos, resulta en el "aprendizaje" de una nueva proteína de percepción (el anticuerpo) cuya heliografía del ADN ("memoria") puede ser genéticamente traspasada a todas las células hijas.
Para crear una vida que conserve la percepción, la célula debe acoplar un receptor que reciba la señal, con una proteína efectora que "controle" la repuesta conductual apropiada. El carácter de una percepción puede medirse por el tipo de repuesta que el estímulo ambiental evoca. Las percepciones positivas producen una respuesta de crecimiento, mientras que las percepciones negativas activan la respuesta de protección de las células (Lipton, 1998b, 1999). A pesar de que las proteínas de percepción son fabricadas a través de mecanismos de genética molecular, la activación del proceso de percepción es "controlado" o iniciado por señales ambientales. La expresión de la célula es moldeada primariamente por su percepción del medio ambiente y no por su código genético, un hecho que enfatiza el rol de la educación en el control biológico. La influencia controladora del ambiente se ha subestimado en estudios recientes realizados con células germinales (Vogel, 2000). Las células germinales, presentes en diferentes órganos y tejidos del cuerpo adulto, son similares a las células embrionarias en el sentido de que ambas no están diferenciadas, a pesar de que ellas tienen el potencial de expresar una amplia variedad de tipos celulares maduros. Las células germinales no controlan su propio destino. La diferenciación de estas células está influida por el ambiente en que se encuentra la célula. Por ejemplo, se pueden crear tres ambientes diferentes de cultivos de tejidos. Si una célula germinal se coloca en el cultivo número uno, de ella se puede originar una célula ósea. Si esa misma célula germinal, se coloca en el cultivo dos, dará origen a una neurona o si es colocada en el cultivo número tres, la célula madura como un hepatocito. El destino de la célula es "controlado" por su interacción con el ambiente y no por el programa genético que contiene.
Aún cuando cada célula es capaz de comportarse como una entidad capaz de vivir libremente, posteriormente en la evolución, las células comenzaron a congregarse en comunidades interactivas. La organización de las células fue el resultado de una presión casino online evolutiva para aumentar la sobrevida. Cuanto más conciencia posea un organismo, más capacidad tendrá para sobrevivir. Considerando que una sola célula tiene X cantidad de conciencia, entonces una colonia de 25 células tendrá una conciencia colectiva de 25X. Dado que cada célula en la comunidad tiene una oportunidad de compartir conciencia con el resto del grupo, entonces cada célula individual posee realmente una conciencia colectiva de 25X. ¿Quién es más capaz de sobrevivir, una célula con una conciencia 1X o una con una conciencia 25X?. La naturaleza favorece el ensamblaje de células en comunidades como un medio de expandir conciencia. La transición evolutiva de formas de vida unicelulares a formas de vida multicelulares (comunitaria), representó un punto altamente profundo, tanto intelectual como técnicamente en la creación de la biosfera. En el mundo de los protozoarios unicelulares, cada célula es un ser independiente e innatamente inteligente, que ajusta su biología a su propia percepción del medio ambiente. Sin embargo, cuando las células se unen para formar "comunidades" multicelulares, se requiere que estas células establezcan una compleja comunicación social. Dentro de una comunidad las células individuales no pueden comportarse independientemente, de otra manera la comunidad dejaría de existir. Por definición, los miembros de una comunidad deben seguir una sola voz "colectiva". La voz "colectiva" que controla la expresión de la comunidad, representa la suma de todas las percepciones de cada célula en el grupo.
Las comunidades celulares originales estaban formadas por entre diez a cientos de células. La ventaja evolutiva de vivir en comunidad, pronto condujo a organizaciones integradas por millones, billones o aún trillones de células individuales socialmente interactivas. A fin de sobrevivir a tan altas densidades, las sorprendentes tecnologías desarrolladas por las células, condujeron a ambientes altamente estructurados que harían vacilar a las mentes e imaginaciones de los ingenieros humanos. Dentro de este medio ambiente, las comunidades celulares subdividen las cargas laborales entre ellas, conduciendo a la creación de cientos de tipos de células especializadas. Los planes estructurales para crear comunidades interactivas y células diferenciadas, están escritos en el genoma de cada célula de la comunidad. A pesar de que cada célula individual es de dimensiones microscópicas, el tamaño de las comunidades multicelulares puede estar en el rango desde escasamente visible hasta proporciones monolíticas. Desde nuestra perspectiva, no observamos las células individuales, pero reconocemos las diferentes formas estructurales que la comunidad celular adquiere. Percibimos esas comunidades estructuradas macroscópicamente como plantas y animales, las cuales nos incluyen a nosotros mismos. Mientras que Ud. se considera como una sola entidad, en realidad es la suma de una comunidad de aproximadamente 50 trillones de células individuales. La efectividad de comunidades tan grandes es aumentada por la subdivisión de labores entre las células componentes. La especialización citológica le permite a las células formar los tejidos y órganos específicos del cuerpo. En organismos mayores, solo un pequeño porcentaje de las células funcionan percibiendo el medio ambiente externo de la comunidad. Grupos de "células de percepción" especializadas forman los tejidos y órganos del tejido nervioso. La función del sistema nervioso es percibir el medio ambiente y coordinar la respuesta biológica de la comunidad celular contra los chocantes estímulos ambientales.
Los organismos multicelulares, al igual que las células que los integran, están dotados genéticamente con complejos de proteínas de percepción fundamentales, que le permiten al organismo sobrevivir efectivamente en su ambiente. Las percepciones programadas genéticamente son referidas como instintos. De forma similar a las células, los organismos son también capaces de interactuar con el ambiente y crear nuevas vías de percepción. Este proceso constituye el comportamiento aprendido. A medida que uno asciende en el árbol evolutivo, moviéndose desde el más primitivo hacia los organismos celulares más avanzados, existe una marcada desviación del uso predominante de las percepciones programadas genéticamente (instintos) al uso del comportamiento aprendido. Los organismos primitivos primariamente cuentan con instintos, para la mayor proporción de su repertorio conductual. En organismos superiores especialmente en humanos, la evolución del cerebro ofrece una gran oportunidad para crear una gran base de datos de percepciones aprendidas, lo cual reduce la dependencia de los instintos.
Los humanos estamos abundantemente dotados de instintos vitales de propagación genética. La mayoría de ellos no son evidentes para nosotros, ya que operan por debajo de nuestro nivel de conciencia, proporcionando la función y mantenimiento de las células, tejidos y órganos. Sin embargo, algunos instintos básicos generan conductas patentes y observables. Por ejemplo, la respuesta de chupar del neonato, o la retracción de la mano cuando un dedo se quema con la llama. 
"Los seres humanos dependen más del aprendizaje para sobrevivir que otras especies. Nosotros no tenemos instintos que automáticamente nos protejan y nos surtan de alimento o abrigo, por ejemplo" (Schultz y Lavenda, 1987). Así como los instintos son importantes para nuestra sobrevivencia, nuestras percepciones aprendidas son más importantes, especialmente a la luz del hecho de que ellas pueden contrarrestar los instintos programados genéticamente. Dado que las percepciones dirigen la actividad de los genes y evocan conductas, las percepciones aprendidas contribuyen al control de los rasgos fisiológicos y conductuales de nuestras vidas. La suma de online casino nuestros instintos y percepciones aprendidas colectivamente, forman la mente subconsciente, la cual a su vez es la fuente de la voz "colectiva" que nuestras células "admiten" seguir. 
A pesar de que en el momento de la concepción, se nos dota con percepciones innatas (instintos), solo empezamos a adquirir percepciones aprendidas en el momento en que nuestro sistema nervioso se vuelve funcional. Hasta recientemente, los pensamientos convencionales mantenían que el cerebro humano no era funcional hasta algún tiempo posterior al nacimiento, por el hecho que muchas de sus estructuras no estaban totalmente diferenciadas (desarrolladas), hasta ese momento. Sin embargo, esa suposición ha sido invalidada por el trabajo pionero de Thomas Verny (1981) y David Chamberlain (1988), entre otros, que han revelado las inmensas capacidades sensoriales y de aprendizaje expresadas por el sistema nervioso fetal. La significación de esta comprensión es que las percepciones experimentadas por el feto pudieran tener un profundo efecto en su fisiología y desarrollo. Esencialmente, las percepciones experimentadas por el feto son las mismas que aquellas experimentadas por la madre. La sangre fetal está en contacto directo con la sangre de la madre vía la placenta. La sangre es uno de los componentes más importantes del tejido conectivo, a través del cual pasan la mayoría de los factores organizacionales (ej: hormonas, factores de crecimiento, citoquinas) que coordinan la función de los sistemas del cuerpo. A medida que la madre responde a sus percepciones del medio ambiente, su sistema nervioso activa la liberación en su circulación de señales coordinadoras de conducta. Estas señales reguladoras controlan la función, y aún la actividad génica de los tejidos y órganos necesarios para que en ella se evoque la respuesta conductual requerida. Por ejemplo, si una madre está bajo estrés ambiental, ella activará su sistema adrenal, un sistema de protección que le suministra lo necesario para una respuesta de lucha o huida. Estas hormonas de estrés liberadas en la sangre preparan al cuerpo para evocar una respuesta protectora. En este proceso, los vasos sanguíneos de las vísceras se contraen forzando a la sangre a nutrir los músculos periféricos y huesos que dan protección. Las respuestas de lucha o huida dependen de un reflejo conductual (cerebelo) más que de un razonamiento consciente (mesencéfalo). Para facilitar este proceso, las hormonas de estrés constriñen los vasos sanguíneos del mesencéfalo forzando a que vaya más sangre al cerebelo para apoyar funciones conductuales reflejas. Durante una respuesta de estrés, la constricción de vasos sanguíneos en el intestino y mesencéfalo reprime el crecimiento y el razonamiento consciente (inteligencia) respectivamente. Actualmente se reconoce que, junto con los nutrientes, las señales de estrés y otros factores condicionantes en la sangre de la madre, cruzan la placenta y entran en el sistema fetal (Christensen 2000). Una vez que estas señales reguladoras maternas entran en el torrente sanguíneo fetal, ellas afectan los mismos sistemas diana en el feto, tal como lo hicieron en la madre. El feto experimenta simultáneamente lo que la madre está percibiendo en cuanto a sus estímulos ambientales. En ambientes estresantes, la sangre fetal preferencialmente fluye hacia los músculos y en cerebelo, mientras que disminuye el flujo hacia las vísceras y el mesencéfalo. El desarrollo de tejidos y órganos fetales es proporcional a la cantidad de sangre que ellos reciben. Consecuentemente, una madre que experimenta estrés crónico alterará profundamente el desarrollo de los sistemas fisiológicos que confieren crecimiento y protección en sus hijos.
Las percepciones aprendidas adquiridas por un individuo, comienzan a aparecer in útero y pueden ser subdivididas en dos grandes categorías. Un conjunto de percepciones aprendidas dirigidas hacia el exterior que "controlan" como respondemos a los estímulos ambientales. La naturaleza ha creado un mecanismo para facilitar este proceso de aprendizaje temprano. Tras el encuentro con un estímulo ambiental novel, el neonato está programado para primero observar como la madre o el padre responden a la señal. Los infantes son particularmente adeptos a interpretar rasgos faciales de los padres para discriminar la naturaleza positiva o negativa de un nuevo estímulo. Cuando un infante encuentra nuevos aspectos ambientales, generalmente primero se enfoca en la expresión de los padres para aprender como responder. Una vez que el nuevo aspecto ambiental es reconocido, este es acoplado a una respuesta conductual apropiada. El programa de entrada (estímulo ambiental) y de salida (respuesta conductual) acopladas se guarda en el subconsciente como percepción aprendida. Si el estímulo reaparece, el comportamiento "programado", codificado por la percepción subconsciente es inmediatamente evocado. La conducta está basada en un simple mecanismo de estímulo-respuesta. Las percepciones aprendidas dirigidas hacia el exterior son creadas en respuesta a todo, desde objetos simples hasta interacciones sociales complejas. Colectivamente, estas percepciones aprendidas contribuyen a la culturización del individuo. La programación del comportamiento subconsciente de un niño por parte de los padres, le permite a ese niño amoldarse con la voz "colectiva" o creencias de la comunidad.
Además de las percepciones dirigidas hacia el exterior, los humanos también adquieren percepciones dirigidas hacia el interior, las cuales nos dotan de creencias sobre nuestra auto-identidad. A fin de saber más sobre nosotros mismos, aprendemos a vernos de la manera que otros nos ven. Si un padre le proporciona una auto-imagen positiva o negativa a un hijo, esa percepción es grabada en el subconsciente del niño. La auto-imagen adquirida se vuelve la voz "colectiva" del subconsciente que modela nuestra fisiología (ej: rasgos de salud, peso) y conducta. A pesar de que cada célula es innatamente inteligente, por un acuerdo público, ella dará su lealtad a la voz colectiva, aún si esa voz se involucra en actividades auto-destructivas. Por ejemplo, si a un niño se le da una percepción de sí mismo de que él puede triunfar, continuamente se esforzará en hacerlo. Sin embargo, si al mismo niño se le proporciona la creencia de que no es "suficientemente bueno", el cuerpo se conformará con esa percepción, aún usando auto-sabotaje si es necesario, de manera de frustrar el éxito.
La biología humana depende tanto de las percepciones aprendidas, que no sorprende que la evolución nos haya provisto con un mecanismo que promueva un rápido aprendizaje. La actividad del cerebro y los estados de conciencia pueden medirse electrónicamente usando la encefalografía (EEG). Existen cuatro estados fundamentales de conciencia que se distinguen por la frecuencia de la actividad electromagnética en el cerebro. Estos estados de actividad aparecen en orden secuencial durante el desarrollo del niño (Laibow, 1999). Las ondas DELTA (0,5-4 Hz), el menor nivel de actividad, se expresan entre el nacimiento y los dos años de edad. Cuando una persona está en DELTA, se encuentra en un nivel de inconsciencia (parecido al sueño). Entre los dos y seis años de edad, el niño empieza a expresar un alto nivel de actividad caracterizada como THETA (4-8 Hz). La actividad THETA es el estado que experimentamos cuando nos levantamos, que estamos medio dormidos, medio despiertos. Los niños están en este estado tan imaginativo, cuando juegan, crean deliciosas tortas de lodo, etc. El niño comienza a expresar un nivel superior de actividad EEG llamado ondas ALPHA, alrededor de los seis años. ALPHA (88-12 Hz) está asociado con estados de conciencia tranquila. Convencionalmente, el mayor nivel de actividad cerebral, referido como BETA (12-35 Hz), estado asociado con conciencia activa o enfocada y que aparece en principio alrededor de los doce años.
El significado de este espectro de desarrollo es que un niño no expresa conciencia (actividad ALPHA) hasta después de los cinco años de edad. Antes del nacimiento, y durante los cinco primeros años de vida, el infante está primariamente en DELTA y THETA, lo que representa un estado hipnagógico. Para poder hipnotizar a un individuo, es necesario disminuir su función cerebral a estos niveles de actividad. Consecuentemente, el niño está esencialmente en un "trance" hipnótico durante los cinco primeros años de vida. Durante este tiempo está procesando percepciones de control biológico sin siquiera el beneficio o la interferencia de la discriminación consciente. El potencial de un niño está "programado" en su mente subconsciente durante esta fase del desarrollo. 
Las percepciones aprendidas forman "conexiones eléctricas" tal como rutas sinápticas en el subconsciente, el cual en esencia representa lo que reconocemos como el cerebro. La conciencia, la cual se expresa funcionalmente como la aparición de ondas ALPHA alrededor de los seis años, está asociada con la más reciente adición al cerebro, la corteza pre-frontal. La conciencia humana está caracterizada por una conciencia del "yo". Mientras que la mayoría de nuestros sentidos, vista, oído y olfato, observan el mundo externo, la conciencia se asemeja a un "sentido" que observa los trabajos interiores de su propia comunidad celular. La conciencia siente las sensaciones y las emociones generadas por el cuerpo, y tiene acceso a la base de datos guardada, que conforma nuestra biblioteca perceptual. 
Para comprender la diferencia entre el consciente y el subconsciente, consideremos esta relación instructiva: La mente subconsciente representa el disco duro del cerebro (ROM), y la mente consciente es el equivalente del "escritorio" (RAM). Como el disco duro, el subconsciente puede guardar una cantidad inimaginable de datos perceptuales. Este puede estar programado para estar "conectado", implicando con esto que las señales que se reciben van directamente a la base de datos y son procesadas sin la necesidad de la intervención del consciente. Para el momento en que la conciencia evoluciona a un estado funcional, la mayoría de las percepciones fundamentales sobre la vida se han programado dentro del disco duro. La conciencia puede acceder a esta base de datos y abrirlos para revisar una percepción aprendida como si fuera un manuscrito conductual. Esto sería igual a cuando se abre un documento del "escritorio" a partir del disco duro de una computadora. En estados conscientes, nosotros tenemos la habilidad de revisar el manuscrito y editar el programa hasta que veamos que está apto, justo como haríamos con documentos "abiertos" en nuestra computadora. Sin embargo, el proceso de edición no cambia de forma alguna la percepción original la cual sigue interconectada en el subconsciente. No hay cantidad de gritos ni de lisonjas a nivel consciente que pueda cambiar el programa subconsciente. Por alguna razón, pensamos que existe una entidad en el subconsciente que escucha y responde a nuestros pensamientos. En realidad el subconsciente es una base de datos fría y sin emociones, de programas guardados. Su función está estrictamente relacionada con la lectura de las señales ambientales y el empleo de programas conductuales conectados eléctricamente, sin realizar preguntas ni juicios. 
La conciencia puede tratar de anular una grabación subconsciente mediante poder y ánimo. Usualmente estos esfuerzos se encuentran con diferentes grados de resistencia, dado que las células están obligadas a adherirse al programa subconsciente. En algunos casos, las tensiones entre el poder consciente y los programas subconscientes pueden resultar en serios desórdenes neurológicos. Por ejemplo, consideremos el destino del concertista de piano australiano David Helfgott, cuya historia se presentó en la película Shine. David fue programado a no triunfar, por su padre, un sobreviviente del holocausto, ya que el éxito lo haría vulnerable porque sobresaldría sobre los otros. A pesar de la implacabilidad de la programación de su padre, David estaba completamente consciente que él tenía categoría para ser un pianista mundial. A fin de probarse a sí mismo, Helgott escogió a propósito, una de las más difíciles composiciones para piano, para interpretarla en una competencia nacional, una pieza de Rachmaninoff. Tal como lo revela la película, en la etapa final de su maravillosa ejecución, ocurrió un conflicto importante entre su deseo consciente de triunfar, y su programa subconsciente de fallar. Cuando él tocó exitosamente la última nota, perdió el sentido, y cuando se recuperó estaba irreparablemente loco. El hecho de que su poder consciente forzara los mecanismos de su cuerpo a violar la voz "colectiva" programada, lo condujo a alteraciones neurológicas. 
Los conflictos que generalmente experimentamos en la vida están frecuentemente relacionados con nuestros esfuerzos conscientes de tratar de "forzar" cambios sobre nuestra programación subconsciente. Sin embargo, a través de una variedad de modalidades de las nuevas corrientes de la Psicología (ej: Psych-K, EMDR, Avatar, etc), el contenido de las creencias subconscientes pueden ser evaluadas, y mediante el uso de protocolos específicos, la conciencia puede facilitar una rápida "re-programación" de creencias limitantes centrales.

Bibliografía

Appenzeller, T., (1999) Test tube evolution catches time in a bottle. Science 284:2108-2110 

Baltimore, D., (2001) Our genome unveiled. Nature 409:814-816 
Cairns, J., Overbaugh, J., and Miller, S., (1988) The Origin of Mutants. Nature 335:142-145
Chamberlain, D. B. (1988) Babies remember birth. Los Angeles, J. P. Tarcher, Inc.
Chicurel, M., (2001) Can organisms speed their own evolution? Science 292:1824-1827
Christensen, D., (2000) Weight matters, even in the womb. Science News 158:382-382 Joyce, G. F., (1997) 
Evolutionary chemistry: Getting there from here. Science 276:1658-1659 
Laibow, R., (1999) Medical applications of neurofeedback, in Quantitative EEG and Neurofeedback; James R. Evans and Andrew Abarbanel, eds., San Diego, Academic Press 
Lipton, B. H. (1998a) Nature, Nurture and the Power of Love. Journal of Prenatal and Perinatal Psychology and Health 13:3-10 
Lipton, B. H. (1998b) The Evolving Science of Chiropractic Philosophy. Today's Chiropractic 27(5):16-19
Lipton, B. H. (1999) The Evolving Science of Chiropractic Philosophy. Part II. Today's Chiropractic, 28(6): 20-31 
Lipton, B., Bensch, K. G., and Karasek, M. (1991) Microvessel endothelial cell transdifferentiation: Phenotypic characterization. Differentiation, 46:117-133 
Lipton, B. H., Bensch, K. G., and Karasek, M. (1992) Histamine-modulated transdifferentiation of dermal microvascular endothelial cells. Experimental Cell Research, 199:279-291 
Nijhout, H. F., (1990) Metaphors and the Role of Genes in Development. BioEssays 12 (9):441-446 
Schultz, E. A. and Lavenda, R. H. (1987) Cultural Anthropology: A perspective on the human condition. (page 5) St Paul, MN, West Publishing Company 
Symer, D. E. and Bender, J., (2001) Hip-hopping out of control. Nature 411:146-149 
Thaler, D. S., (1994) The Evolution of Genetic Intelligence. Science 264:224-225 
Verny, T. R. (1981) The secret life of the unborn child. New York, Bantam Press 
Vinson, V., Purnell, B., Chin, G., and Marx, J. (2000) Macromolecular ballet. Science, 288, 1369 
Vogel, G,. (2000) Stem Cells: New excitement, persistent questions. Science 290:1672-1674 
Wedemayer, G. J., et al., (1997) Structural insights into the evolution of an antibody combining site. Science 276:1665-1669